Producidas por habitantes y visitantes, profesionales y aficionados, autores reconocidos y creadores anónimos, las fotografías convierten la experiencia concreta de vivir en Puebla en una multiplicidad de relatos visuales comunicables. La fotografía aparece aquí no sólo como registro del pasado, sino como un dispositivo activo de memoria y de futuro: un medio con capacidad de agencia social que hace visible la experiencia del lugar como memoria e imaginación compartidas.